En ellos, podemos establecer “a priori” cuantos pactos consideremos importantes para regular nuestra vida matrimonial: reconocimientos o renuncias a pensiones compensatorias, dependiendo del tiempo de atención que pensemos dedicar a los hijos cuando nazcan, el tipo de educación que queremos darles –laica o religiosa, en un colegio público o privado-, acuerdos relativos al domicilio familiar y todo aquello que pueda tener incidencia en nuestra vida en común, en función de nuestras circunstancias. El Tribunal Supremo ha reconocido la validez de estos acuerdos, entre otras, en su reciente sentencia de fecha 24 de junio de 2015. Es conveniente otorgarlos en escritura pública, pero no tiene acceso al Registro Civil.

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